"Si, al igual que yo, sois de los que creeis que tenéis poco que enseñar, mucho que aprender y aún más que compartir, éste es vuestro blog".

lunes, 22 de febrero de 2016

JP-782. VIAJE DE INVIERNO AL LLOBREGAT LIBRE DE PAGO. QUINTA PARTE: UN BOLO POCO DOLOROSO PARA ACABAR EL WINTERREISE. Sábado, 20/02/2016






JORNADA DE PESCA Nº 782



Con esta jornada de pesca, llevada a cabo en uno de los días más fríos del pasado invierno (sigo escribiendo los artículos de este, nuestro blog, con cerca de tres meses de retraso), terminó mi Winterreise, o viaje de invierno, por las zonas libres sin muerte del Llobregat. Las siguientes jornadas, que ya tuvieron lugar en el transcurso del mes de marzo, estuvieron dedicadas a aperturas, tanto de la muy particular temporada del coto intensivo de Ponts (01/03 - 31/10), un acontecimiento que cada año muchos celebran como una "etapa prólogo" de la temporada oficial, como a la de la mismísima temporada oficial de salmónidos 2016, la cual viví en un Pedret al que tanto la nueva ordenación de los tramos con y sin muerte, como las limitaciones de acceso rodado al mismo por la "vía verde", han convertido en polémico.
Tras casi dos meses de ir poco a pescar, dado que alterné los sábados de caña y vadeador con los de mochila y botas de trekking, con mis amigos del centro excursionista del que soy socio, y de capturar pocos peces, terminó llegando, en el penúltimo sábado de febrero, que no deja de ser uno de los meses menos propicios del calendario para pescar, el primer bolo del año natural.
Como suele suceder en estos "bolos invernales", el mismo no conllevó la misma frustración que si se hubiese producido, por ejemplo, en el mes de mayo o junio. El ir a pescar en pleno invierno a una zona libre sin muerte que, por ende, no es ni tan solo de salmónidos, es lo que tiene; muy contento estoy, la verdad sea dicha, de los resultados de mis pescas invernales de este año, pues he visitado partes de las zonas libres del Llobregat por las que no me dejaba caer desde hacía años y, encima, he conseguido tocar escama de trucha en casi todas las ocasiones, excepto en la presente y en la anterior, en la que las escamas que toqué fueron de carpa.
Además, lo que termina de suavizar el bolo es el hecho de que realmente sí pesqué. En realidad, a lo largo de la jornada clavé dos truchas fario. Lo que sucede es que una cosa es clavar, y otra hacer que una vez prendidas terminen en el salabre. Otra vez más,  mi torpeza y poca pericia en el combate con los peces me privó de poder tener a los mismos en la mano y así cantar victoria.
A pesar de que el invierno de 2016 será recordado como uno de los más benignos, por lo menos en Catalunya, de lo que llevamos de siglo, si es cierto que, de un modo excepcional, ha habido algún que otro día frío, o por lo menos con temperaturas que serían habituales en un invierno dijéramos "normal", y el caso de este sábado de finales de febrero, que ocupa esta crónica, fue uno de ellos. Durante el viaje en coche, llegaron a registrarse los seis grados negativos. La helada matinal y la gélida temperatura ambiental me retuvo un poco más en el bar a la hora del desayuno, pero al final vencí a la pereza y volví a subir al coche para hacer un corto trecho más y llegar al punto en donde tenía previsto cambiarme de ropa todavía a un grado bajo cero al sol.
Generalmente, en pleno invierno, los días anticiclónicos no suelen ser muy propicios para la pesca. Este, no fue una excepción, respondiendo un poco al patrón de día soleado y luminoso, sin una nube, pero con un ambiente gélido, apenas roto por un pequeño repunte al alza de la temperatura pasado el mediodía y hasta primera hora de l tarde.
La ausencia significativa de lluvia, desde mi última salida de pesca dos semanas antes, volvió a propiciar el que me encontrase el Llobregat, a su paso por la latitud más meridional del Berguedà, con una transparencia del agua que no recordaba en muchos años. Eso si, en esta ocasión un agua terriblemente fría. Asimismo, la sequía invernal,  además del cierre a cal y canto de las compuertas del pantano de La Baells, conllevaron el volver a pescar en un río con un caudal muy bajo.
La jornada de la que esta crónica es objeto, terminó estructurándose en dos mangas, hecho este motivado ante la poca actividad que hubo en el primer tramo que visité, y que me hizo buscar una mejor suerte, que no encontré, unos pocos kilómetros río abajo, en concreto en el mismo sector del río de las dos primeras salidas de pesca del pasado mes de enero.
Hasta primera hora de la tarde, estuve pescando en un tramo concreto de zona libre sin muerte que, en un pasado no muy lejano, había formado parte de la extensión de un coto. Curiosamente, con los muchos años que hace que rondo por el Llobregat, trasegando primero cañas de cebo, más tarde de spinning y desde hace más de quince años de mosca, nunca antes había estado pescando en este tramo en concreto.  Es por ello que, no estando bien seguro de por donde acceder al río sin demasiados problemas, y queriendo dejar el coche en lugar lo más lejos posible miradas indiscretas, tuve que echar mano de esa tan eficaz y moderna herramienta llamada Google Maps, que a menudo suele ser la favorita tanto de los "chafarderos on-line", como de los espías de las actividades ajenas, en esta nuestra Edad Tecnológica. He de reconocer que esta vez me fue de gran utilidad, para poder  llegar sin ningún contratiempo a la misma orilla.
Como es habitual en las pescas invernales, el "tungsteno en ninfa" fue el protagonista absoluto de la jornada. Visto lo visto en las otras salidas a estas zonas libres del Llobregat durante el invierno, especulaba que las picadas, de producirse, tendrían lugar en sitios en donde las truchas estuvieran cómodamente refugiadas; o sea en fondos de pozas o en blandos laterales de corrientes. Descartado pues, en esta época del año y en esta latitud del río, el ir a buscar actividad en corrientes vivas, y aún menos en espumeríos con un palmo de agua.
La acción de pesca, minuciosa y lenta, prospectando palmo a palmo de cada poza y de cada corriente de escasa velocidad, siempre lo más "al hilo" que permite una caña corta, como la que yo uso para casi todo (una de 9 pies), devino en un ejercicio de rutina, mecánico hasta lo casi rítmico, en una cadencia de lances a golpe de muñeca, solo rota por alguna que otra pausa para quitar el verdín y las algas del combo de dos ninfas (una contundente pheasant tail y un perdigón), que estaba utilizando a falta de algún que otro recurso más imaginativo como podría ser, por ejemplo, un streamer rebotando sobre las piedras del lecho del río, recogido con lentos y erráticos tirones, a la manera en que muchos pescadores de spinning manejan, con maestría, gráciles e insinuantes señuelos de vinilo.
La mañana transcurrió sin picadas y sin atisbo alguno de actividad de peces. Poco después del mediodía horario, de sopetón, noté una ligera tensión en la línea. Al ir a clavar, noté vida al otro lado del hilo, y tras una breve batalla pude tener a vista una fario, de esas plateadas tan típicas del Llobregat, que rondaría los 30 cms. a ojo de buen cubero. Por desgracia, al ir a echar mano del salabre fue visto y no visto: el pez se había desclavado, y yo me había quedado con dos palmos de narices. En fin...¡al menos hay peces en este río!.
Poco después, tras un rato de volver a la misma acción de pesca, llegué a una amplia tabla, de aguas brillantes, pero no cegadoras, bajo el tímido sol del invierno. Allí, mientras aprovechaba para primero orinar y después fumar un cigarrillo, a la vez que bebía una de mis sempiternas latas de te con limón, observé una gran eclosión de efémeras. Se trataba de un bétido grisáceo. Probablemente, fueran Baetis Muticus. El caso es que esta abundante eclosión fue una de las más desaprovechadas que he visto en años, pues pese al gran número de ejemplares que pasaban de subímago a imago, levantando finalmente el vuelo, no suscitó ninguna respuesta por parte de las truchas. La verdad es que fue verdaderamente decepcionante el no ver ni una ceba, ¡ni una!, ante tal desfile de comida. Fue entonces cuando comprendí que, salvo algún imprevisto, en esta jornada ni iba a pescar a seca, ni a practicar "jogo bonito" alguno aligerando señuelos y haciendo volar cola de rata: las truchas estaban demasiado cómodas debajo del agua. Tanto, como para desdeñar un buen atracón de manjares fáciles de obtener.
Todo y la única picada, la verdad es que ver desaprovechar tamaña eclosión me hizo reflexionar sobre mis posibilidades en lo que me quedaba, tanto de jornada como de tramo. Así pues, tomé la decisión de probar suerte en otro sector de la zona libre sin muerte, justo donde en las dos primeras jornadas de pesca de enero había logrado tocar escama. 
El viaje en coche fue muy breve, pero el hecho de volver al vehículo, desmontar la caña, volver a andar de camino al río desde el nuevo aparcamiento y volver a montar aparejos, llevó el tiempo suficiente como para que, al reiniciar la acción de pesca, la tarde ya hubiera cambiado: el "pequeño verano" de los mediodías soleados del invierno ya había pasado y perdido su magia, dando lugar a ese momento, a veces misterioso e inquietante, en que las sombras se alargan, el azul del cielo gana una tonalidad más intensa y la temperatura comienza a bajar. Es la hora en que el bosque sin hojas, dorado hasta entonces por la luz, vuelve a ser gris con el preludio del crepúsculo.
Para aprovechar bien las menos de dos horas que me quedaban de tiempo, fui directo a las mismas corrientes moderadas que habían sido tan productivas a mediados del pasado mes de enero, y me puse a batirlas "de cabo a rabo" a golpe de ninfas, avanzando río arriba a paso de tortuga. No hubo manera de conseguir ni una picada hasta que, cuando estaba ya a punto de salir del río y desmontar la caña, noté como un ligero calambre al otro lado de la linea y... esta vez estaba prendida de la ninfa del codal  una pequeña trucha fario, de esas que pasan un poco del palmo.
¡Algo, es algo! (dijo un calvo, al encontrarse un peine sin púas). Al menos, la captura de la pequeña pintona supondría una pequeña victoria; pírrica pero victoria al fin y al cabo. Con deshacer el bolo me conformaba, y lo tenía al alcance de la mano. La pequeña fario apenas si había opuesto resistencia pero... a menos de un par de dedos de la red pegó dos coletazos y ¡se desclavó!. Estaba visto: en esta jornada, que con este desafortunado incidente dí por finalizada, el bolo estaba predestinado para mí desde un principio.
Un buen rato después, ya cambiado de ropa, llegué a merendar a un bar que conozco, en un pueblo cercano a la zona. Mientras apuraba el cigarrillo antes de entrar en el establecimiento, me dí cuenta de que todavía no había oscurecido. Cosa muy normal: a finales de febrero se nota ya que la luz del día ha ganado terreno a la noche. Pese al frío, esta hora larga de mas de luz solar preludia una primavera que ya no está tan lejos. Una primavera en la que, siguiendo el ejemplo de la naturaleza, volverán a empezar muchas cosas. Entre ellas, una nueva temporada de salmónidos, y un retorno a escenarios de pesca vedados hasta que llegue ese momento.      
    
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JORNADA DE PESCA Nº 782



Sábado, 20 de febrero de 2016


Temporada 2015 - 2016 - Nº 17


Zona libre sin muerte del Llobregat (ciprínidos) - El Berguedà
Río Llobregat

Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Capturas: 0
(en realidad pesqué 2 truchas fario a ninfa, pero ambas se desclavaron en la pelea, por lo que al no ser truchas metidas en el salabre no se pueden considerar capturas)

Equipo de pesca a mosca:

Caña: Vision GT-Four - 9 pies - línea 5
Línea: Adams 6 WF - flotante
Carrete: Sage 4550

Climatología: soleado y frío.

Caudal: bajo

Condiciones de vadeo: vadeo sin dificultad, siendo recomendable el uso del bastón de vadeo.

Hora de inicio de la jornada: 10,15 h.
Hora de finalización de la jornada: 16,45 h.

La música de hoy:

Viaje de ida:

Sinfonía nº 2
Zygmunt Stojowski

Sinfonía nº 2 "sonidos del verano en el sur de Rusia"
Víctor Bendix

Viaje de vuelta:

Sinfonía nº 1
Alexander Von Zemlinsky

Concierto para piano y orquesta en "DO" mayor
Carl Czerny

Líneas Tensas!





Ferran RUBINSTEIN

sábado, 6 de febrero de 2016

JP-781. VIAJE DE INVIERNO AL LLOBREGAT LIBRE DE PAGO. CUARTA PARTE: JORNADA CORTA Y CARPA GRANDE, ANTES DE IR A LA RÚA DEL CARNAVAL.



Una jornada de corta duración, previa a la Rúa del Carnaval, tuvo como recompensa una gran carpa. Una buena manera de pasar unas horas pescando cerca de casa, en la etapa más corta de mi "Winterreise" (o viaje de invierno) por las zonas libres sin muerte del Llobregat.




JORNADA DE PESCA Nº 781



La penúltima etapa de mi Winterreise (o viaje de invierno) por las zonas libres sin muerte del Llobregat me llevó, en el primer sábado de febrero y en pleno Carnaval, bien cerca de mi casa. En concreto, a la parte más cercana a la desembocadura del río, situada en una de los territorios más industrializados y densamente poblados de Catalunya: el área metropolitana de Barcelona.
Al igual que el año anterior (1), el sábado de Carnaval tenía previsto llevar a mi hija a ver la Rúa y, de paso, aprovechar la ocasión de que disfrutase luciendo su flamante disfraz de la Princesa Anna de "Frozen". Como dicho evento no iba a dar comienzo hasta las cinco y pico de la tarde, decidí aprovechar bien la mañana y el mediodía, yendo a tentar los ciprínidos del tramo de río que los pescadores urbanitas vemos pasar (con su agua casi siempre coloreada entre el marrón chocolate y el verde moco, rodeado por un cinturón de huertos y encajonado en un sarcófago de hormigón y acero en forma de carreteras, autopistas y vías ferreas de diversas velocidades) cuando atravesamos las afueras de la metrópolis o bien en busca de entornos más acordes a nuestra (siempre sesgada y tópica) imagen de la naturaleza, o en pos de la trucha en otro tipo de ríos.
Ya es bien curioso que, mientras aquí desdeñamos la pesca en estos escenarios suburbanos de los hinterlands de populosas ciudades, los cuales damos como a priori perdidos para la práctica de la pesca, en el Reino Unido nuestros amigos de Trout in Dirty Places (2), capitaneados por un simpático y entusiasta pescador llamado Theo Pike, se dedican a restaurar tramos de ríos y canales en medio de zonas urbanas y suburbanas para, nada mas y nada menos, que...¡pescar truchas!.
Por el contrario, en este país cainita y atrasado, la pesca de la trucha esta cada vez más alejada de las clases populares, cada día más limitada a zonas de montaña a donde se restringe, en mor de una supuesta "conservación de la pureza genética", infame programa este impulsado por gentes que se autodenominan "pescadores conservacionistas", que no han parado hasta pedir la catalogación de "especie invasora" para la popular y deportiva trucha arco-iris, la cual algunos no dudan en pescar cuando hacen sus viajes de pesca a otros países y otras latitudes. en donde se repueblan los ríos (generalmente acotados para turistas ricos) con esos peces, que tampoco son autóctonos de allí.
Para colmo de los males, y mientras en otros países, como en Francia, tras muchos años de cometer el error de escuchar a cantamañanas travestidos de ecologistas, se vuelve a repoblar los ríos con todo (y no solo truchas), aquí unos señores, que creen saberlo todo solo por haberse colgado la etiqueta de defensores de la naturaleza, han pedido incluir en un catálogo de "especies aloctonas invasoras" un pez que lleva en nuestros ríos desde los tiempos del Imperio Romano, como es la carpa común.
En fin, queda claro, a tenor de lo dicho con anterioridad, que mientras las naciones adelantadas y civilizadas intentan acercar la pesca recreativa, sana y divertida afición como pocas, al pueblo, restaurando ríos y repoblando los mismos con especies deportivas, aquí se pretende que exterminemos a las que forman la columna vertebral de la pesca en agua dulce desde hace décadas, siglos e incluso milenios, y encima no se para de poner problemas y trabas para que la gente, y en especial la gente mayor y los colectivos económicamente más vulnerables,  puedan ejercer su derecho a pescar. Y así nos va. Y aún puede ir peor, si los políticos siguen escuchando esas voces siniestras, tras la que se ocultan oscuros intereses, que no persiguen otra cosa que restringir la pesca a la categoría de ocio solo para élites privilegiadas. Personalmente, creo que cada cual tiene lo que se merece, y aquí en España los pescadores ya estamos comenzando a pagar nuestra desunión y nuestra tendencia a las rencillas permanentes. El tiempo para salvar la pesca deportiva o recreativa en nuestro país se agota. Ahora, más que nunca es la hora de estar los pescadores unidos para defender nuestros intereses... o de lo contrario nos espera un futuro bien negro.
Por imperativos del calendario eclesiastico lunar, este año el Carnaval  se adelantó a principios de febrero, o sea pleno invierno. A la hora de ir a pescar, más tarde de lo habitual, dada la cercanía del destino de pesca con respecto a mi domicilio, el día era gris, humedo y frío, otro de esos desapacibles en los que somos bien pocos los que, llevados por nuestra incombustible afición, nos metemos de pies al río. Todo y la amenaza de lluvia, apenas si lloviznó durante diez minutos, o un cuarto de hora a lo sumo, más o menos sobre el mediodía horario.
Si bien es cierto que es durante el invierno, y más en inviernos secos como el de este 2016, que tenemos alguna posibilidad de pescar este tramo final del Llobregat con el agua mínimamente clara, en esta ocasión, todo y encontrarme un caudal muy parecido, no tuve la suerte de que se dieran las mismas condiciones de mi visita del sábado de Carnaval del año pasado: esta vez tocó pescar con el agua de un color entre amarronado y verdoso, de los que no permiten casi verte las botas cuando estás metido en el río hasta, más o menos, por las rodillas. 
A las diez de la mañana, una hora muy "de invierno" para comenzar la jornada de pesca, ya estaba a pie de río. En esta ocasión, dado el compromiso que tenía que atender por la tarde, apenas si iba a tener cuatro horas efectivas de acción de pesca (o sea, un poco más de los que para mi es una "media jornada") para lograr tocar escama. Como para nada soy un buen conocedor de este sector del río, ni tampoco tengo mucha idea de como abordar con éxito a carpas y barbos en el mismo, no quise arriesgar y me fuí de cabeza al mismo escenario en que el sábado de Carnaval del año pasado había logrado echar a la sacadera una gran carpa, de esas que quitan el hipo de tan solo verla.    
La estrategia, como siempre en mi muy conservadora, pasaba por pescar solo, exclusivamente y hasta la saciedad, una gran tabla de escasa profundidad  y poco tiro de corriente (como mucho con el agua un par de dedos por debajo de las rodillas) , con algún que otro blando lateral de un poco más de calado, delimitando en la misma un tramo de algo menos de cien metros para literalmente bombardearlo a golpe de ninfas con la misma intensidad que la famosa "lluvia de fuego", entre las artillerías contendientes, de la Batalla de Verdún.
A sabiendas de lo grandes que son las carpas y los barbos de esta zona libre sin muerte, ya vine oportunamente equipado con una herramienta adecuada: la super-potente caña Adams de 9 pies para linea 8, todo una "lanzagranadas", diseñada para pescar lagos  desde "pato" o barca, y ríos grandes con voluminosos streamers. Para no desentonar en el poderoso conjunto, añadí al conector de la cola de rata un bajo de línea de poco más de un metro y medio de hilos de gran calibre (medio metro de 0,22 y un metro de 0,20 en punta), con el fin de lanzar, sin demasiada necesidad de precisión, una sola ninfa bastante pesada (cualquier pheasant tail de color oscuro, en un anzuelo del 10 con bola de tungsteno del 3).
La acción de pesca, resultó de lo más monótono y aburrido: ir lanzando a distancia corta, media y larga, por turnos, de cara al río o en diagonales, dejando que la ninfa fura rebotando con las piedras (u otros obstáculos) del fondo y, en el caso de no tener que ir a dengnacharla, iniciar una deriva baja (en este caso, solo en los lances diagonales) hasta  hacerla dragar lo más abajo posible, antes de iniciar una recogida muy lenta, a tirones cortos, como si se tratase de un streamer.
Lo turbio del agua, el gris ceniciento del cielo y el frío que hacía, se añadieron pronto a la sensación de aburrimiento y me hicieron añorar mi habitual pesca de la trucha, o mis pescas estivales de ciprínidos en entornos con el agua más clara, gozando de ese placer que es pescarlos a vista.
Todo y así, apelé a mi paciencia -quizás mi mejor virtud como pescador, dado el mediocre lanzador y limitado estratega del río que soy- y no cejé en mi empeño de apurar la jornada hasta la una y media o las dos de la tarde, lo más estirar.
Pasadas las doce y media, sin haber recibido ni una picada, y sin haber visto más indicios de presencia de peces que unas rápidas estelas unos veinte metros aguas arriba de donde estaba faenando, fenómeno puntual y que sucedió solo una vez, había ya completado dos veces el periplo de recorrer el tramo prefijado de río. Fue en ese momento cuando tuve muy claro que si tenía que haber una picada, ni que fuera solo una, esa tenía casi todos los números de que sucediese en el único escenario de todo el tramo que podría considerarse lo más cercano a una poza.
Justo al final del tramo, un desnivel de grava en forma de cuña divide el río y, a mi derecha (mirando río arriba), crea una pequeña badina, en la que la profundidad sería, a ojo de buen cubero, como para llegarme un poco más abajo de la entrepierna. Justo y necesario: si algún pez buscase confort en ese tramo, quizás lo buscase allí.
Los  primeros lances no pudieron ser mas descorazonadores pues de los diez primeros. en dos ocasiones, hubo tensión de línea, pero originada por haber trabado troncos sumergidos. Inasequible al desaliento, todo y tener que ordenarme a mi mismo un "alto el fuego" para reponer una ninfa que había perdido, seguí con el bombardeo hasta que otra tensión de línea me hizo temer que hubiese enganchado el tercer tronco de la tanda de enganches. Sin embargo, este "tronco" se movía demasiado para ser materia inanimada, y comprendí que ¡por fin! había un pez al otro lado de la línea, en este caso y tras un tira y afloja muy adrenalínico, una carpa común de las que son habituales en estos pagos, de cerca de 70 centímetros.
Al principio, la batalla con el pez se hizo insulsa (ella hizo valer su peso, yo hice valer la resistencia de mi caña), pero en cuanto se rehizo del mal trago de salir de su confortable letargo, decidió luchar con armas más agresivas y salir disparada de la poza para ganar la corriente y forzar al máximo el equipo. Pero esta vez, aunque no la carpa dudo que lo supiera, llevaba un bajo de línea adecuado, una caña potente y un carrete con un freno progresivo bien regulado, así que de nada le sirvió ni la primera, ni las otras sucesivas carreras, salvo para quedar, al cabo de casi diez minutos de tiras y aflojas, bien extenuada antes de entrar mansamente en un salabre en el cual casi no cabía.
Mientras la hacía unas cuantas fotos, por mi cabeza rondaba el no poder entender, de ninguna manera, que alguien pueda pedir el exterminio de tan bello animal. Ya que en su tiempo los hubo que, para eludir sus compromisos con la defensa del país, se declararon "objetores de conciencia", yo no dudaré en declararme "objetor de matar peces",  a la mínima que alguna Ley llegase a exigir tamaña aberración a los pescadores.
Tras soltar a tan bello animal, comprendí que para esta "jornada reducida" de pesca ya estaba, como dice la popular frase, "to el pescao vendío". La una de la tarde en el reloj me vino a confirmar que el día, a nivel pesca, no iba a dar mucho más de si. Es más, en vez de pensar en que quizás a partir de esta captura, vendrían más, lo que pasó por mi cabeza no fue otra cosa que el admitir que la misma era más fruto de la suerte que de cualquier otro mérito por mi parte.
Todavía apuré la jornada hasta la dos menos cuarto, iniciando un tercer y último recorrido del escenario, pero pescando ya de un modo mecánico y carente de intencionalidad. Lances rápidos y andar por el río sin parsimonia, para volver a lanzar otra nueva granizada de ninfazos a la postura en donde había obtenido la única captura. La misma táctica cansina, esta vez llevada a cabo de un modo acelerado, no funcionó; el día había tenido muy escasa magia, y la poco que hubo la gastó una tan preciosa como rolliza carpa a la que, a buen seguro, debí de poner la ninfa en los mismos morros para que no tuviera que hacer esfuerzo alguno. Un esfuerzo que, dado lo frío, gris y apático del día, entiendo que no tuviese muchas ganas de realizar.
Por supuesto, llegamos a tiempo de ver la Rúa del Carnaval. Una tarde fría, como la de tantos otros Carnavales, en la que algunos y algunas no dudaron en desfilar bien ligeros de ropa. Personalmente, estos saraos me aburren muchísimo, todo y los más que insinuados encantos las bailarinas de las comparsas. Soy así de raro: me divierten cosas que a la mayoría de la gente la mataría de hastio, pero a mi hija le encanta la música y el baile. Tanto como a mi me fascina la música... y la pesca.




(1) Ver el artículo Jornada de Pesca nº 732 del 14/02/2015, en este blog.
(2) En español podría traducirse como "Truchas en lugares sucios", página web británica para promocionar la pesca de truchas y otros peces, generalmente a mosca, en entornos urbanos y suburbanos. 




JORNADA DE PESCA Nº 781




Sábado, 6 de febrero de 2016

Temporada 2015 - 2016 - Nº 16

Zona libre sin muerte del Llobregat - ZLLSM-LL-32. Del puente de Mercabarna (El Prat de Llobregat) a la Riera del Morral del Molí (Abrera).
Río Llobregat

Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Capturas: 1 carpa a ninfa

Equipo de pesca a mosca:

Caña: Adams - 9 pies - línea 8
Línea: Adams 8 WF - flotante
Carrete: Adams.

Climatología: nublado y frío

Caudal: bajo

Condiciones de vadeo: vadeable sin dificultad, siendo recomendable el uso de bastón de vadeo.

Hora de inicio de la jornada: 10,00 h.
Hora de finalización de la jornada: 13,45 h.

La música de hoy:

En esta ocasión no han habido audiciones de música clásica, debido a que lo corto del viaje desde mi casa a la zona de pesca, hubiese ocasionado tener que interrumpir obras de mi interés, dejando la audición incompleta. Así pues, preferí escuchar las noticias por la radio.